
La autoexigencia busca la mejora personal, quiere que seamos “los mejores”, pero a veces esta exigencia se vuelve en nuestra contra y acabamos provocando un conflicto interno. Nos desmotiva, baja nuestra autoestima, nos frustramos con nosotros mismos y vivimos en un constante estado de ansiedad y frustración.
La autoexigencia en sí no es perjudicial, ésta nos puede ayudar a mejorar, a buscar nuevas soluciones a los mismos problemas de siempre, a fijarnos nuevas metas retadoras, etc. Solo se convierte en un problema cuando ésta es excesiva. Por lo tanto, cuando se vuelve excesiva nos esforzamos en cumplir unos estándares demasiado altos o metas muy elevadas para nosotros mismos, a veces irreales. Y a pesar del malestar que nos generan, nos las auto-imponemos y las perseguimos.
La autoexigencia está muy relacionada con el perfeccionismo, que la asociamos a la necesidad de tenerlo todo bajo control y en orden. Nos convertimos en excesivamente autocríticos cuando no cumplimos nuestros objetivos y/o metas, por lo que solemos valorar nuestros objetivos y metas en términos absolutos de todo o nada, bien o mal, o es negro o es blanco y no existe una escala de grises.
Las personas con una alta autoexigencia basan su autoestima en las metas conseguidas y valoradas positivamente. Esto produce una autoestima muy frágil y cambiante, por lo que si un día no consiguen sus objetivos pueden llegar a sentirse ineptas o fracasadas y que “no valen para nada”.
En ocasiones, una autoexigencia demasiado alta puede llegar a provocar ansiedad y depresión e incluso repercutir en la salud física, como por ejemplo fuertes dolores de cabeza, contracturas, tensión muscular, problemas gastrointestinales, etc.
Entonces, ¿Cómo podemos reducir nuestra autoexigencia?
- Fija objetivos realistas, retadores pero alcanzables.
- Identifica tus mensajes destructivos y transfórmalos en racionales.
- Aprende a asumir (y tolerar) las críticas constructivas de los demás.
- Se realista en que no podemos ser perfectos y hacerlo todo bien porque eso es imposible.
- Distingue la obligación de la elección, el “debo” vs. “quiero”.
Suerte para nosotros, la autoexigencia no es una conducta heredada, sino aprendida, y por lo tanto siempre estamos a tiempo de cambiarla y tener una mejor calidad de vida. Cuando nos liberamos de esta carga nos damos permiso para ser nosotros mismos (sin jueces internos que nos critiquen como hacemos las cosas), nos dedicamos tiempo, reconocemos nuestros logros y valoramos nuestro esfuerzo.
Un abrazo desde PsicologiaBcn
Dra. Sandra Farrera
















