
Explica el Dr. Rojas Marcos en uno de sus últimos libros: Todo lo que he aprendido, que las relaciones, aún las más felices (si se puede decir así), cuando finalizan por causas que no controlamos, producen gran dolor.
El dolor al perder un ser querido puede generar sin embargo inspiración, transformación, cambio, reacción a poder dar un giro en nuestras vidas.
La fábula de El principito (Saint Exupéry) puede ofrecer un ejemplo de dicha transformación:
El zorro, en un momento de la historia, ruega al Principito que lo domestique. Éste se niega, pero el zorro logra convencerle con este precioso razonamiento:
“Si me domesticas serás para mi (…) mi vida se llenará de sol (…) ¡Mira! ¿Ves allá los campos de trigo? Yo no como pan, para mi el trigo no tiene ningún valor. Los campos de trigo no me recuerdan a nada. ¡Es triste! Pero tú tienes cabello de oro. Cuando me hayas domesticado será maravilloso, pues el trigo es también dorado y cuando lo vea evocará en mi un recuerdo de ti…»
Pero un día le llegó al Principito la hora de partir:
- ¡Ah!.. –dijo el zorro- voy a llorar.
- Tuya es la culpa -dijo el Principito- No deseaba hacerte mal, pero te empeñaste en que te domesticara.
- Sí –dijo el zorro.
- Entonces no te ha servido para nada –dijo el Principito.
- Si me ha servido –respondió el zorro- porque ahora te veo reflejado en los campos de trigo.
Todo sirve en la vida, la alegría, el dolor por la pérdida, las lágrimas que acompañan a ambos estadios emocionales. Es el conjunto de todo ello lo que realmente nos hace fuertes y mejores cada día.
Desde PsicologíaBcn, un abrazo lleno de emociones para todos.
Dra. Sandra Farrera.

















