
El amor que nos procesa nuestra pareja, nuestra familia, amigos, nuestros animales (muy terapéutico) al cual respondemos de forma recíproca, es el sentimiento que nos despierta más emociones.
Los neurólogos Daniel Siegel y Allan Shore, de la Universidad de California (EEUU) han realizado estudios utilizando escáneres cerebrales. Concluye que el sentimiento de afecto se aprende en la infancia y en la base a ello a se formulan conexiones sinápticas y las funciones cerebrales.
Tras sus investigaciones, afirman que el desarrollo vital de los seres humanos depende prácticamente del amor que los padres procesan a sus hijos durante la primera fase de crecimiento. La clave, exponen, está en la reciprocidad, por lo que las actitudes y las virtudes personales son fruto de la afectividad recibida en lo primeros años de vida y que además, el amor ejerce una influencia positiva en las personas ya que promueve la longevidad, la salud física y mental. La felicidad aumenta la capacidad de ampliar conocimientos y tiene poder curativo en ciertas enfermedades así como protege el sistema inmunitario.
Los seres queridos nos ayudan a afrontar los baches de la vida, ya que con el amor que nos brindan, nos aportan seguridad emocional y física. Dichos autores concluyen que las relaciones afectivas que se tengan a lo largo de la vida, marcarán las funciones neuronales, relacionadas con las emociones y la memoria.
Por todo ello cabe la siguiente reflexión: ¡Dejémonos querer!
Qué fácil puede ser decir esta frase pero qué difícil resulta para algunas personas dejarse querer; personas que han sufrido el dolor por la pérdida de un ser querido (por muerte, abandono, …), personas que están en pleno duelo, personas que sufrieron un desengaño amoroso y aún no han podido ser resilientes y resolver el conflicto vivido, …
No olvidemos por ello que hay muchas personas cercanas a nosotros que pueden entrar en nuestras vidas, que son buenas, cariñosas, merecedoras de estar compartiendo parte de nuestro día a día.
El dolor que deja la huella de un amigo que nos defraudó o de un ser querido que nos falló, con el tiempo pueden llegar a sanar, si uno lucha por ello.
Casi siempre existe el perdón aunque a veces, en casos muy graves, el perdón es saber decir ADIÓS y seguir nuestro nuevo camino.
No nos encerremos con nuestros pesares, démonos oportunidades a nosotros mismos y bajemos las barreras. Donde hubo sufrimiento y lágrimas que haya amor y sonrisas. Todos somos merecedores de vivir con amor, pero hay que luchar por ello.
Dejar la rabia de lado, el odio o la venganza y te sentirás libre. Abrir las puertas a la amistad, al perdón y al amor, nos hace fuertes.
Desde PsicologiaBcn os brindamos a reflexionar en todo ello y a dejarnos querer no sólo por los demás sino por vosotros mismos.
¡Qué el amor gane ante todo!
Dra. Sandra Farrera

















