
Desde que nacemos estamos en continuo cambio. Cambia nuestro físico, nuestra forma de pensar, crecemos, cambiamos de circunstancias, de amigos, de estudios, de trabajos, de parejas, de estilos de vida, de forma de pensar, de gustos, de pensamientos, de sentimientos… pero realmente ¿nos gustan los cambios?
¿Por qué los cambios generalmente tienen una connotación peyorativa implícita?
A la mayoría de personas no parece gustarles ya que lo asocian en un principio con incertidumbre, inseguridad y suelen preferir posponerlos o incluso evitarlos.
Se habla de que los cambios son óptimos, estimulan la creatividad, nos hacen crecer como persona y avanzar en nuestras vidas, pero… ¿por qué nos cuesta tanto dar ese paso inicial? Dicen que empezar es la mitad de todo… sin embargo y más es estas épocas de poca bonanza para todos en general, los cambios dan desazón.
Pensemos en nosotros, en nuestro día a día… ¿qué cosas podríamos cambiar y por qué no lo hacemos?, ¿qué nos detiene…? Aceptar que queremos cambiar y enfrentarnos a ello nos permite superar ideas tremendistas futuras y aceptar que cambiar es abrirse a nuevas oportunidades de la vida, es retarnos a nosotros mismos y mejorar, pase lo que pase.
Un cordial abrazo lleno de muchos propósitos y nuevos cambios.
Os esperamos.
Dra. Sandra Farrera

















