
Cuando pasa la novedad de vivir juntos, pueden aparecer roces por las tareas, los horarios o el
tiempo compartido. Estos ejercicios ayudan a hablar antes de que la tensión se convierta en
una discusión.
1. Reunión semanal de 20 minutos
En un momento tranquilo, responded por turnos: «¿Qué ha funcionado esta semana?», «¿Qué
me ha pesado?» y «¿Qué cambio concreto probamos?». La otra persona resume lo que ha
entendido antes de responder. Terminad con un solo acuerdo y revisadlo la semana siguiente.
2. Repartir también la carga mental
Anotad las tareas de casa y quién suele detectarlas, organizarlas y hacerlas. Repartid
responsabilidades completas: por ejemplo, encargarse de la compra incluye revisar qué falta y
planificarla. Buscad un reparto que ambos consideréis justo.
3. Pausa antes de discutir
Acordad una frase como: «Quiero hablarlo, pero ahora estoy alterado/a. Volvemos en media
hora». Usad la pausa para calmaros y retomad el asunto a la hora pactada. Al volver, hablad
de una situación concreta y de lo que necesitáis, sin acumular reproches.
4. Diez minutos sin pantallas
Dedicaos diez minutos al día para preguntar: «¿Cómo estás de verdad?» y «¿Necesitas algo
de mí?». Escuchad sin resolverlo todo de inmediato. Estar en casa a la vez no siempre equivale
a conectar.
5. Cambiar la queja por una petición
En vez de «Nunca hacemos nada juntos», probad: «Echo de menos pasar tiempo contigo.
¿Reservamos el sábado por la mañana?». Una petición concreta permite responder y negociar.
6. Reconocer lo que sí funciona
Decid algo específico que hayáis apreciado: «Gracias por organizar la cena; hoy llegaba
agotado/a». Hacedlo con sinceridad, sin usarlo para evitar las conversaciones pendientes.
Elegid un ejercicio y practicadlo durante dos semanas. Después, valorad qué os ha
ayudado y qué necesitáis ajustar. Si hablar genera miedo o una persona no puede
expresarse con libertad, buscad apoyo profesional
Dra. Sandra Farrera Sabioncello
PsicologíaBCN

















