
Casi todos recordamos nuestro primer beso (90% de la población estudiada).
Evolutivamente creemos que el beso proviene de la costumbre de los primates de alimentar a sus crías de boca a boca o para calmar a éstos cuando no hay comida, expresando así afecto.
¿Pero, qué pasa cuando un beso pasa a ser más que un beso? Un beso que funciona actúa como una droga, ya que estimula un conjunto de hormonas y neurotransmisores. Aumenta la Oxitocina, la llamada hormona del amor, creando vínculos a corto y largo plazo.
Sube la Dopamina, especialmente en los primeros besos de una relación, generando el deseo y también la Norepinefrina, que se encargará de excitar al cuerpo, proporcionando adrenalina natural y haciendo que el corazón lata con más fuerza, aumentando la presión sanguínea.
Los labios son una parte de nuestro cuerpo con gran número de neuronas sensoriales. Al besar, estas neuronas junto con las de la boca y lengua, envían mensajes potentes a nuestro cerebro, respondiendo éste con emociones intensas, sensaciones placenteras y reacciones físicas afines. También, con el beso, se intercambia información olfativa, táctil y postural que comunica al otro aspectos nuestros y sobre la compatibilidad entre ambos.
Y, ¿qué ocurre cuando un beso fracasa?
Un beso sin éxito lleva a un caos químico que estimula el cortisol, la hormona del estrés y pone freno a la relación. El Dr. Gordon Gallup, de la Universidad de Albany (EEUU) en sus estudios abala que más de la mitad de las personas terminan con su pareja porque el primer beso no funcionó.
¡¡¡Qué cosas tiene la vida!!!
Desde PsicologíaBcn un cordial saludo.
Dra. Sandra Farrera

















