
No sólo las personas que padecen depresión y/o ansiedad tienen como objetivo llegar a ser felices (como manifiestan abiertamente durante el tratamiento psicológico), en realidad es un anhelo de todos.
La palabra felicidad se utiliza para medir (subjetivamente) nuestro bienestar interno y externo.
Podríamos buscar sinónimos como bienestar personal o estar bien con uno mismo, pero acabamos utilizando la palabra felicidad no ya como un utópico inalcanzable sino que ha pasado a ser una palabra coloquial y como tal escribiremos en este post.
Casi la mitad de nuestro bienestar o de nuestra felicidad depende de nuestra actitud.
Estudios demuestran que las personas positivas, optimistas y agradecidas son más felices y están mejor con ellas mismas, tienen menos problemas cardiovasculares y su sistema inmunológico es más resistente. Estas personas son resilientes, proactivas y más resolutivas. Los elementos relacionados con la felicidad que hallamos en escritos de filósofos y especialistas en estas emociones positivas, la relacionan con: gratitud, perdón, empatía, saber disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, la amistad y dar y recibir amor entre otros…
¿Podemos ser más felices?
El 50% de nuestra felicidad viene determinada por la genética, como nuestro peso corporal, por tanto podemos influir en este punto.
Un 10% viene determinado por la educación, salud, estado civil… que también en la mayoría de situaciones se pueden llegar a modificar si queremos sentirnos mejor.
El 40% final, dependerá de cómo pensamos, vivimos y nos valoramos a nosotros mismos y a los demás.
Podemos mejorar nuestro bienestar personal transformando nuestras actitudes, emociones, pensamientos, incluso, en la medida de lo posible, nuestro entorno.
Nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir, es decir, de base, es susceptible a lo negativo como mecanismos de alerta para combatir la tendencia innata a la supervivencia. Tenemos pues que darle pautas para combatir lo negativo, la desconfianza y el miedo (básicos por defecto en él).
Herramientas para gestionar el estrés, para detectar los pensamientos negativos que generan emociones poco gratificantes o incluso nos lleva a patologías psíquicas (y físicas también) y trabajar las habilidades sociales, serán objetivos primordiales para combatir las características innatas de nuestro cerebro.
¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor?
Dado que necesitamos emociones tanto positivas como negativas será importante saber gestionarlas y ver en qué momento hay que optar por unas u otras.
Será impredecible para ello: romper con la rutina, recuperar las relaciones sociales, conocer nuevas personas, hacer ejercicio físico, reír, vivir el presente, aprender de los errores, tolerar las frustraciones como parte del juego de la vida, potenciar la actividad física, trazarse metas alcanzables, ser un poquito mejor que ayer y controlar los estados fluctuantes de ánimo con diálogos internos adecuados. Todo ello hará que nuestra vida cobre mayor sentido.
Desde PsicologiaBcn os deseamos un feliz día a todos.
Dra. Sandra Farrera


















