
La relación entre las personas y los perros puede tener un impacto positivo en nuestro bienestar emocional. Su presencia cercana, su forma espontánea de relacionarse y la ausencia de juicio pueden favorecer sentimientos de calma, seguridad y conexión.
Cuando este vínculo se incorpora de manera planificada a un proceso terapéutico hablamos de terapia asistida con perros.
No se trata simplemente de pasar tiempo con un animal. Es una intervención complementaria, diseñada y supervisada por profesionales, en la que el perro participa como facilitador para trabajar objetivos psicológicos, emocionales, sociales o cognitivos.
¿Cómo puede ayudar la presencia de un perro en terapia?
Para algunas personas, expresar lo que sienten o establecer un vínculo terapéutico puede resultar difícil. La presencia del perro puede contribuir a crear un ambiente más cercano y menos intimidante, facilitando una mayor apertura y participación.
A través de actividades como acariciarlo, cepillarlo, pasearlo, darle instrucciones o cuidar de él, pueden trabajarse diferentes aspectos del funcionamiento psicológico.
Entre sus posibles beneficios encontramos:
Reducción de la ansiedad y el estrés
El contacto con el perro puede favorecer la relajación y ayudar a disminuir la activación emocional. Su presencia puede facilitar que la persona centre su atención en el momento presente y se sienta más segura durante la sesión.
Mejora del estado de ánimo
La interacción con el animal puede generar experiencias agradables, aumentar la motivación y favorecer emociones positivas. Esto puede ser especialmente valioso en personas que atraviesan periodos de tristeza, desánimo o aislamiento.
Facilitación de la expresión emocional
En ocasiones, hablar directamente sobre las propias dificultades resulta complejo. El perro puede actuar como un puente entre la persona y el profesional, facilitando la comunicación y la identificación de emociones.
Hablar sobre cómo se siente el animal o sobre el vínculo que se establece con él puede ayudar también a reconocer y expresar experiencias personales.
Refuerzo de la autoestima
Cuidar del perro, conseguir que responda a una indicación o completar una actividad conjunta puede generar una sensación de logro y competencia.
Estas experiencias permiten trabajar la confianza, la autonomía y la percepción de capacidad, especialmente en personas con baja autoestima o inseguridad.
Desarrollo de habilidades sociales
La terapia asistida con perros puede ayudar a practicar la comunicación, el respeto de turnos, la empatía, la cooperación y la interpretación de señales no verbales.
Por ello, puede resultar útil en niños, adolescentes y personas con dificultades de interacción social o determinados trastornos del neurodesarrollo.
Estimulación cognitiva y psicomotriz
Las actividades con el perro también pueden utilizarse para trabajar la atención, la memoria, la planificación, la coordinación y la motricidad.
El componente afectivo y motivador de la interacción puede favorecer una mayor implicación en tareas que, de otro modo, podrían resultar repetitivas o difíciles.
Disminución de la soledad
El perro ofrece una presencia cercana y una respuesta emocional inmediata. En personas mayores, pacientes hospitalizados o personas con escaso apoyo social, esta interacción puede contribuir a disminuir la sensación de aislamiento y favorecer el contacto con el entorno.
Una intervención adaptada a cada persona
La terapia asistida con perros puede utilizarse como apoyo en personas con ansiedad, depresión, dificultades emocionales, problemas de comunicación, baja autoestima, deterioro cognitivo o aislamiento social.
Sin embargo, no es adecuada para todo el mundo. Antes de incorporarla es necesario valorar aspectos como posibles alergias, fobias, experiencias traumáticas previas o rechazo hacia los animales.
También es fundamental garantizar el bienestar del perro, respetando sus necesidades, sus descansos y sus señales de estrés.
El perro como facilitador, no como sustituto
La terapia asistida con perros no sustituye a la psicoterapia ni a otros tratamientos psicológicos o médicos.
Su valor reside en facilitar el vínculo, aumentar la motivación y ofrecer nuevas oportunidades para trabajar objetivos terapéuticos dentro de un entorno profesional y estructurado.
En determinados momentos, sentirse acompañado sin ser juzgado puede ser el primer paso para comenzar a abrirse, confiar y participar activamente en el propio proceso de recuperación.
A veces, una presencia tranquila no resuelve lo que nos ocurre, pero sí puede ayudarnos a sentir que no tenemos que afrontarlo solos.
Dra Sandra Farrera Sabioncello
PsicologíaBCN

















