
Se dice que todos hemos mentido alguna vez… pero, aunque nos excusemos diciendo que son mentiras piadosas, la pregunta es: ¿Por qué lo hacemos?
Se calcula que cada día oímos o leemos más de 200 mentiras.
Mentir no es simplemente el hecho de decir cosas que no son verdad, también se miente ocultando información, se puede mentir sin utilizar las palabras (sonrisas falsas, maquillajes que ocultan o disfrazan parte de nuestro cuerpo…)
La gente miente para quedar bien, para excusarse, para obtener lo que quiere, para no perder ciertos derechos, para dar una mejor imagen de sí misma, para no ofender o hacer sufrir a otras personas con la verdad, porque no saben o no pueden decir que no, para postergar decisiones, por temor al rechazo o al castigo.
¿Qué hay detrás de una mentira?
Se oculta una baja autoestima, inseguridad, falta de confianza en uno mismo, temor al rechazo, vergüenza, miedo al castigo y a la crítica y también en muchos casos, un deseo de manipular al otro.
Hay cerebros que por su estructura son más capaces de mentir que otros: mentir es un aprendizaje que se inicia en la infancia.
El psicólogo Robert Feldman de la Universidad de Massachusetts (EEUU) expone que cuando las personas sienten que su autoestima se ve amenazada, empiezan a mentir.
La mentira provoca un gran esfuerzo para la persona que miente porque todo lo que dice y todos los hechos falsos explicados comprometen su futuro para siempre.
No olvidemos que el propósito de la mentira es engañar, evitar la pérdida, obtener alguna cosa, no frustrarse, ser aceptado, ser creído… y cuando ésta se destapa, produce en la persona que la descubre, sentimientos de rabia, dolor, desilusión y pérdida de confianza.
Hombres y mujeres mienten por igual, pero en general los hombres mienten para sentirse mejor con ellos mismos, mientras que las mujeres tienen tendencia a mentir para que otros se puedan sentir mejor.
Las personas extrovertidas tienen también tendencia a mentir más que los introvertidos.
David Livingstone filósofo de la Universidad de Nueva Inglaterra (UK) publicó el libro “¿Por qué mentimos?”. En él explica que mentir da ventaja; por eso dice que “mentimos de forma espontánea igual que respiramos o sudamos”. Expone en su libro que el ser humano es el único animal capaz de engañarse a sí mismo.
Vivir enredado en mentiras puede generar ansiedad y otros problemas afines, ya que obliga a mantener una personalidad falsa, estando presente el riesgo a ser descubierto y a que se desmorone toda la estructura construida a base de falsedades.
Existen patologías psíquicas donde la mentira está presente en la vida del sujeto, son síntomas nucleares en los trastornos de personalidad antisocial y límite, ludopatía, cleptomanía, adicciones y otros trastornos que requieren tratamiento psicológico y en algunos casos también médico.
Con las declaraciones del ciclista Lance Amstrong, que finalmente confesó que se dopaba tras diez años de negarlo, preguntaban al filósofo qué tipo de personas podían llevar a cabo entramados tan complicados como el de Amstrong.
Explicaba que hay diferentes clases de mentirosos, está el fabulador, es aquel sujeto que está acostumbrado a mentir a toda costa, a lo grande y en todos los ámbitos de su vida y después está el sin vergüenza, que miente para conseguir objetivos que por él mismo no lograría o cree que no podría llegar a cumplir sus deseos y opta por el engaño.
¿Qué ocurre cuando sale la verdad?
Perdonar a un mentiroso y sobre todo volver a confiar en él requiere tiempo y empeño, incluso a veces es imposible llegar al perdón real, ya que la confianza cuesta mucho de conseguir y la mentira la destruye por completo.
Y para acabar, ¡una reflexión!: No olvidemos que “Mentira confesada es medio perdonada”.
Desde PsicologíaBCN os invitamos a la sinceridad, a que viváis la paz que da decir la verdad y a aceptar que somos humanos y que sinceramente, la verdad, sea la que sea, llega más lejos que nada.
Dra. Sandra Farrera

















